Desde la oscuridad del mundo, la paz surge como un elemento característico de la identidad de los pueblos originarios. Y por tar razón , se  concibe como un estado de equilibrio con los demás seres de la naturaleza y con el mismo. Es por ello que para el indigena tomar su cuerpo como evidencia del territorio no lo ve como un acto de ignorancia o atraso. Por eso, al encontrar su organismo funcionando sin alteraciones; su ser esta en paz.

Desde esta óptica la paz se encuentra visionada  como la pureza libre de impurezas, como los movimientos de la tierra sin obstáculo alguno. Bajo esta concepción, los pueblos originarios se han encargado de generación en generación de tejer esa paz interior y, entre sus hermanos. Tejido que es interrumpido con la afloraracion o el surgimiento de la modernidad. Es decir , con el “progreso” surge una serie de antisociales actitudes y comportamientos que empañan la ancestral forma de ver la existencia humana; entre ellos: la división de  clases, la exclusión, el soborno, la impunidad, la corrupción, violaciones, torturas y muchas manifestaciones mas.

Hoy, el desplazado nativo mira desde los cantamos a los que ha sido reducido como ese mensaje de paz que milenariamente ha conservado y transmitido, se diluye en el inmenso mar de la ambición y en la prostitución de la sana convivencia; dejando funestas secuelas entre sus miembros

Es por ello que, haciendo eco de los centenares de víctimas del conflicto colombiano, en particular de los Kankuamos que tuvieron la desdicha de ver cortado todos sus anhelos. Le estamos diciendo a Colombia y al mundo entero que no somos cultivadores de la guerra, somos sembradores y sembradoras de paz.